Es fácil olvidar el propósito radical y transformador que Jesús tenía en mente cuando dijo: "Edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16:18).
La iglesia no es un edificio, ni una organización humana; es una institución divina, comisionada por Cristo para ser luz en las tinieblas y sal en un mundo que se desvanece.
El manual de estudio bíblico "La Iglesia que Jesús Comisionó: El Plan del Señor para la Iglesia" nos invita a redescubrir esta verdad fundamental. A través de ocho lecciones profundas y prácticas, este recurso nos guía de regreso a los cimientos de lo que significa ser la iglesia que Jesús diseñó.
La Iglesia: Una Institución Divina El manual comienza con una afirmación contundente: "La iglesia es una institución divina fundada por Jesucristo para su gloria".
No fue idea de los apóstoles, ni un invento de la religión humana. Fue Jesús quien, con Su vida, muerte y resurrección, estableció la iglesia como el cuerpo visible de Cristo en la tierra.
Como dice Efesios 1:22-23, "Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo".
Este primer capítulo nos desafía a ver la iglesia no como un club social, sino como una comunidad santa, llamada a reflejar el carácter de Cristo y a cumplir Su misión en el mundo.
El Propósito de la Iglesia: Gloria de Dios y Salvación de los Perdidos ¿Cuál es el propósito de la iglesia? El manual nos lleva a las palabras de Jesús en Mateo 28:19-20, conocido como la Gran Comisión: "Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado".
La iglesia no existe para sí misma; existe para glorificar a Dios y para llevar el mensaje de salvación a un mundo perdido.
Este manual nos recuerda que cada creyente tiene un papel que desempeñar en esta misión, ya sea a través de la predicación, el servicio, la enseñanza o el testimonio personal. La Unidad de la Iglesia: Un Cuerpo, Muchos Miembros Uno de los temas más poderosos del manual es su énfasis en la unidad de la iglesia.
Como dice 1 Corintios 12:27, "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular".
La iglesia no es una colección de individuos aislados, sino un cuerpo unido, donde cada miembro tiene un don y un propósito único.
El manual nos desafía a superar las divisiones y a trabajar juntos por el bien del reino de Dios. En un mundo marcado por el conflicto y la división, la iglesia tiene la oportunidad de demostrar el poder transformador del amor de Cristo.
La Adoración en la Iglesia: Un Corazón que Honra a Dios La adoración no es solo cantar canciones; es un estilo de vida. El manual nos lleva a Romanos 12:1, donde Pablo escribe: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional".
La verdadera adoración ocurre cuando nuestras vidas reflejan la gloria de Dios, no solo en el templo, sino en cada aspecto de nuestra existencia.
Este capítulo nos invita a examinar nuestras prioridades y a asegurarnos de que Dios esté en el centro de todo lo que hacemos.
El Servicio en la Iglesia: Manos y Pies de Cristo Jesús no vino para ser servido, sino para servir (Marcos 10:45).
Y como Sus seguidores, estamos llamados a hacer lo mismo. El manual nos desafía a usar nuestros dones y talentos para edificar a la iglesia y para servir a aquellos que nos rodean.
Ya sea a través de la hospitalidad, la enseñanza, la misericordia o el liderazgo, cada creyente tiene un papel vital en el cuerpo de Cristo. Como dice 1 Pedro 4:10, "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios".
La Misión de la Iglesia: Llevar Esperanza al Mundo La iglesia no es un refugio para los santos; es un hospital para los quebrantados. El manual nos recuerda que nuestra misión es llevar el mensaje de esperanza y salvación a un mundo quebrantado por el pecado. Como dice 2 Corintios 5:20, "Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios".
Este capítulo nos desafía a salir de nuestras zonas de confort y a llevar el amor de Cristo a nuestras comunidades, nuestras ciudades y nuestras naciones.
Conclusión: Un Llamado a Ser la Iglesia que Jesús Soñó El manual "La Iglesia que Jesús Comisionó" no es solo un recurso educativo; es un llamado a la acción.
Es una invitación a redescubrir el propósito divino de la iglesia y a vivir como verdaderos discípulos de Cristo. En un mundo que necesita desesperadamente esperanza, la iglesia tiene la oportunidad de ser un faro de luz.
Pero para hacerlo, debemos volver a los cimientos que Jesús estableció. Debemos ser una iglesia que adore en espíritu y en verdad, que sirva con humildad y amor, y que lleve el Evangelio a cada rincón de la tierra.
Así que, ¿aceptarás el desafío? ¿Estás dispuesto a ser parte de la iglesia que Jesús comisionó? Como dice Apocalipsis 3:20, "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo". La puerta está abierta; el llamado es claro. La pregunta es: ¿cómo responderás?